El delta del Ebro es la mayor zona húmeda de las tierras catalanas. Con sus 320 km2, constituye el hábitat acuático más importante del Mediterráneo occidental, después de la Camarga francesa.
Su considerable papel biológico contrasta con la profunda humanización de una gran parte de su superficie y con su no menos considerable peso agrícola. En 1983, con el fin de fomentar esta armonía, la Generalitat de Catalunya, a petición de los habitantes de Deltebre, decretó la creación del Parque Natural del Delta del Ebro. La superficie entonces protegida quedó ampliada hasta las 7.802 Ha en el año 1986.
El paisaje del delta posee un fuerte personalidad que lo hace único en Cataluña. Sus tierras, totalmente llanas, le confieren un aspecto particular. La especial belleza de su interior se debe, además de a los cultivos de la huerta y a los árboles frutales, a los extensos arrozales, que se van transformando según las estaciones. En su parte litoral, se puede contemplar uno de los paisajes más atractivos del Mediterráneo, formado por grandes estanques rodeados de cañaverales y juncares. En la zona de la periferia, destacan grandes extensiones de suelos salinos, con vegetación halófila, y largas y desiertas playas arenosas, con dunas coronadas de barrón y otras muestras de vegetación psamófila